Evolución de los hábitos alimenticios del ser humano



Tanto la alimentación como la actividad física de nuestros ancestros eran muy completas, por el contrario en la actualidad encontramos a nuestra disposición alimentos procesados y refinados que afectan nuestro organismo sin hablar del sedentarismo al que estamos expuestos.

La energía que necesita el ser humano proviene de los alimentos y debe existir un equilibrio energético, es lo ideal. De la energía que ingresa al organismo y la energía que gasta por concepto de metabolismo basal (conjunto de procesos que ocurren dentro del organismo y tienen como funcionalidad la transformación de energía), actividad física y efecto térmico de los alimentos (Energía que se requiere para la digestión, transporte, metabolismo y deposito de alimentos y nutrientes). Cuando se habla de equilibrio positivo se refiere a un ingreso superior a la energía gastada y esto conlleva a un aumento de peso por acumuló de grasa y cuando se habla de equilibrio negativo se refiere a un ingreso de energía menor a la cantidad que se gasta, por tanto se genera pérdida de peso pues el organismo se ve obligado a gastar reservas provenientes de grasas, carbohidratos y proteínas.

Nuestros ancestros consumían alimentos que provenían de la caza por lo tanto contaban con una base de alimentación fuente de proteínas, ácidos grasos poliinsaturados con buen contenido de acido linolénico, también grasas monoinsaturadas, adecuado consumo en fibra, vitaminas y minerales provenientes de la comida natural, en fin una alimentación saludable. Por tal razón anteriormente no se presentaban enfermedades cardiovasculares y en general el hombre primitivo era sano.

En la segunda mitad del siglo XX, se volvió costumbre el sedentarismo, especialmente en el mundo industrializado, teniendo así a nuestra disposición una gran cantidad de alimentos procesados, refinados, con alto contenido de químicos y otras sustancias que van afectando el organismo cuando se consumen en cantidades exageradas facilitando estados de sobrepeso y obesidad. Estos alimentos son sometidos a procesos tales como refinación lo cual hace que pierdan gran parte de su valor nutritivo (vitaminas y minerales) por ejemplo en el caso del arroz para facilitar su cocción le retiran la fibra y de paso los nutrientes quedando el almidón y calorías vacías es decir que no contienen nutrientes por esto es preferible consumir el arroz integral debido a que es buena fuente de proteínas, vitamina B y magnesio.



Otro factor que difiere mucho con respecto a la actividad física de nuestros ancestros es que ellos tenían que realizar muchas actividades que implicaban esfuerzo físico por ejemplo: correr, escalar, recolectar frutos, cazar, transportar agua del aljibe al hogar, cortar leña entre muchas otras actividades que eran equivalentes a ejercicios como, aeróbicos, de resistencia, estiramiento. Es decir que aquellas personas que tienen una disciplina y realizan sus ejercicios ya sea en casa o en el gimnasio tienen más probabilidades de llevar una vida más saludable y por ende evitar enfermedades, y por el contrario aquellas personas que no lo hacen deben tratar de hacerlo así sea en tiempos cortos y progresivamente ir completando la rutina hasta establecerla completamente, ojalá asesorado(a) por un instructor y adicional a esto seguir una alimentación completa, equilibrada, suficiente y adecuada, animo! Pues de lo contrario va a existir predisposición a la obesidad, diabetes, hipertensión, síndrome metabólico y a enfermedades cardiovasculares, debemos concientizarnos pues con la aparición de la televisión, automóvil computadores, entre otros artículos, cambiaron los hábitos de la población principalmente en el sector urbano donde gran parte de la población usa estos elementos en actividad laboral o como recreación.

Como sugerencia o guía nutricional tenemos:

Granos: consumir por lo menos 3 onzas al día de cereales, panes, galletas, arroz o pasta provenientes de granos integrales.

Verduras: Consumir verduras, color verde oscuro y naranja, consumir frijoles y guisantes.

Aceites: Provenientes del pescado preferiblemente, nueces, aceites vegetales. Limitar consumo de grasas solidad como margarina, manteca, mantequilla y la grasa.

Lácteos: Preferiblemente bajas en grasa, en caso de intolerancia a la lactosa elija otras fuentes de calcio como leche de almendras, soya entre otras.

Carnes: Bajas en grasa (magras), cocer al horno, a la parrilla o a la plancha.






Acerca del autor

Nutricionista – Dietista egresada en 1982, de la Pontificia Universidad Javeriana de Colombia. Estudios relacionados con estética corporal con una experiencia de 25 años. Asesoramiento en diferentes medios de comunicación.